De pie junto a su hermano, el rey del inframundo, daba informe detallado de los por menores de la osadía cometida hacia su reino por parte de los humanos. Mirando hacia el infinito cielo de su basto campo, Zeus, se entristeció en el corazón por lo que le pedía su hermano –el sacrificio del Fénix-. Sin embargo este último, entendía, que era justo lo que demandaba su hermano por tamaña insolencia cometida hacia su grandeza. Ni las musas ni las diosas pudieron apelar al deseo de aquel rey deseoso de revancha, por extinguir la flama de aquella ave magnánima que surcaba el universo cantando las más enternecedoras melodías a los dioses y al inconsciente de lo humano. La sentencia ya estaba escrita, plasmada en sangre y martillo, por aquel tribunal divino, solo faltaba alinear detalles para que llegara a su fin la llama de colores hecha cuerpo y ave, que hizo soñar con la ilusión de la vida eterna a los que por infortunio fueron gestados para morir y soñar con la poesía como liberación. Zeus, quebrado por el desconsuelo de la inminente partida del Fénix, por la cual tenía un marcado favoritismo en ese basto campo de creaciones sublimes, solo le pidió como consuelo una cosa a su hermano, que los detalles de la fatal sentencia quedaran por su cuenta. Conforme y en acuerdo con la petición final, el Dios de la oscuridad partió rumbo hacia sus tierras, a esperar noticias del triste desenlace.
Paso una semana antes que Zeus llamara al Fénix, semana durante la cual ni la Lira de Apolo logro conmover el espíritu socavado del Dios del olimpo. Tras la llegada del Fénix donde el Dios supremo, sus miradas se cruzaron y se comunicaron, no hizo falta la palabra, pues entre aquellos dos había una relación muy especial. El fénix, pese a su reciente noticia, se mantuvo con entereza y tenía una mirada seca que evidenciaba su fatal destino, donde ya todo estaba decidido. Antes de partir rumbo hacia su tumba, de la mejilla de Zeus rodó aquella cristalina sustancia, que por caer de ese ser, dio paso a la gestación del mar muerto en la tierra.
En aquella comunicación sostenida entre el ave y el supremo, tal como Zeus le pidió a Hades, el semi-Dios le encargo una última voluntad a su creador, esta era: el favor de concederle una última visita por la tierra.
Durante aquella visita, surco todos los cielos y lugares conocidos, en las que se hizo presente durante generaciones de civilizaciones humanas. Mientras volaba y así daba su último adiós, se entristeció en lo mas intimo de su ser, al ver el castigo por el cual atravesaban los humanos por designio del Hades, y de cierta forma, se sintió culpable por haber tenido implicancias en ese asunto y en ese resultado. Pese a todo lo malo por lo que atravesaban los humanos, su espíritu se conmovió de sobresalto, al observar que pese a tanta aflicción, adversidad y penurias, en esos pequeños y finitos seres, aun existía la chispa -que avivada por el amor- encendía en los corazones y los espíritus ese fuego, de colores tan vivos que volvía a entregar un tesoro preciado a la existencia de lo mortales: la felicidad infinita.
Totalmente convencido, decidió entregar la vida con ese recuerdo intacto en su mente, mientras surcaba a toda velocidad el universo en dirección al sol, el mismo Zeus se puso de pie y observo la estela de fuego que dejaba el Fénix al cruzar el espacio por última vez. Fue en una velocidad impresionante, cuando el ave entono una ultima canción que quedo grabada para siempre en la eternidad, aquella que se plasma en el silencio de las estrellas y en la brisa del eco, de los valles. Su inmolación en el magma solar concluyo con un grito gutural de parte del Fénix, que sonó por siempre en esos inmortales oídos que habían decidido poner en jaque la vida y resurrección de esa creación magnánima.
Su sacrificio provoco que el sol generara un destello que hizo brillar el universo de oscuridad, para dejar ciegos y impertérritos a los humanos que no tenían la menor idea de lo ocurrido. Aquel sacrificio del Fénix, inspirado en el recuerdo de la llama de colores del amor dejo para los humanos un regalo, que no siendo la vida eterna los haría soñar en lo infinito y en la posibilidad de la inmortalidad: la esperanza

En ocasiones la esperanza y yo nos peliamos y ella arrastra mi orgulloso ser hasta un estado de incomprension en el que ni yo misma logro salir hasta cuando le pido ayuda. La esperanza deberia enseñarnos a esperarlo todo... y no algo en especial porque la idealizacion aparece a reinar.
ResponderEliminar(gracias por tu vuelta.)
guau...
ResponderEliminarni idea que te gustaba la mitología griega...
a mi me gusta bastante...
no se si aun tengo un link sobre eso en mi flog...
el´fénix es eso... la esperanza...
la esperanza de que aunque las circunstancias escapen de nuestro control o responsabilidad... siempre pueden mejorar...
el no tenía la culpa de la afrenta de los humanos a Hades...
y hades siempre conoció las sensibilidades de Zeus...
fénix & pegasso
sus creaciones sublimes....
saluidos man!
otro dia hablamos de los melones de tu amiga
¡Qué triste final! Pero, me gusta el regalo que nos dejó, muy bonito e importante: la esperanza. ¿Qué sería de nosotros sin la esperanza?
ResponderEliminarY esos dioses, no lograron destruir la creencia en una vida eterna. No todos creen en ella, pero, aún hay gente que sí y a mí me parece más bonito, más ameno y menos agustiante creer en una vida eterna.
Besitos.