jueves, 14 de septiembre de 2006

miércoles, 13 de septiembre de 2006

solo un segundo


Existe solo un segundo, si solo un segundo que es eterno, momento de trascendencia en esta vida.
Ese momento se convierte en experiencia y más que eso, en vivencia de la infinitud. Es la obra humana, por medio del temple, el coraje, la valentía y la osadía de retar a los dioses la que permite; si somos afortunado experimentar ese segundo en esta vida, un segundo que es toda una vida, pero que ilumina y aquieta el alma.
Una sonrisa en la cara del “ser” que vive aquel momento, que es la expresión de ser feliz, si feliz.
Deseo ser feliz y quiero vivir un segundo infinito, quien no lo querría, solo un alma suicida. Espero estar anotado en tu bitácora Dios del destino, para que en este largo recorrido para el humano y tan solo un parpadeo a tu tiempo, me toque experimentar tu grandeza. Grandeza que quiero creer calma toda incertidumbre y miedo, ante nuestro fatal destino Corpóreo.

¡Oh Hades! que iluminas nuestro póstumo camino y clausuras el paso por este mundo

Libera mi alma y castiga mi cuerpo; si es necesario

Por demandar a lo supremo, tan solo un regalo

Déjame ser parte de la grandeza de tu magnificencia como Dios junto a Zeus

Y permitirme respirar el lado activo del infinito creador, de tu raza metafísica;

Aquella que esta sobre el tiempo, el destino y la existencia.

Soy siervo de tu respuesta, y admirador de tu grandeza por favor concedido

Pero solo concédeme un segundo de soles en las gradas del olimpo.

Y encandílame con la verdad… sueños de un simple mortal

lunes, 4 de septiembre de 2006

Mi lugar

Tengo un lugar sagrado y es mi lugar especial, mi refugio del tiempo y es mi escape de la rutina a una ansiada tranquilidad. En mi lugar me siento acompañado en soledad… quedo impactado de su belleza cada vez que lo veo, y siento que mi espíritu se conecta con algo exterior a mi realidad física y corporal. Encuentro un equilibrio divino o metafísico; en esos momentos, que superan mi estructura mental en constante caos. Al pasar por ahí oigo una vocecita silenciosa pero inmensamente certera que me dice, tú perteneces aquí y yo soy parte de ti.

Me imagino muchas de las veces en las que estoy ahí deleitándome con la naturaleza, que cientos de metros bajo tierra donde se encuentra mi lugar, existe una fuente de energía infinita que es el motor y bencina de mi mundo, la cual logra alinear todos mis deseos, fantasías e infinitud de ideales, que finalmente equilibran mi existencia y me hacen soñar con una vida tranquila y placentera.
Cuando muere el tiempo y estoy siendo en mi lugar, no veo ninguna dificultad en el horizonte y solo me siento feliz, inmensamente feliz, rodeado y protegido en un abrazo de madre e hijo recién nacido, como ser humano y madre tierra.
Como paisaje me cautiva la hermandad de árboles que como bastones al viento buscan enlazar un vínculo entre el cielo y la tierra, que generan en ese entorno una expresión armónica entre elementos. El viento usualmente es dama de compañía en aquella escena y refresca el entorno vital que ahí veo, donde las aves como tenores cantan al viento y se componen en pauta de sinfonías para una escena mediática y dinámica, pero sumamente perfecta para mí.
Estar frente a ese cuadro es abstraerse de las preocupaciones y definitivamente conectarse con algo, decir yo pertenezco a ese lugar y sentirse vivo.